La definición de áreas
metropolitanas, entendiendo por tal su delimitación geográfica de acuerdo a la
naturaleza de los procesos urbanos que incluye, no es una cuestión de orden
meramente académica o teórica sino que afecta a numerosos aspectos de carácter
normativo o puramente práctico. De hecho, si se observa la historia de las
delimitaciones de áreas metropolitanas, se comprueba que mucho antes que las
realizadas con propósitos investigadores se encuentran las abordadas con fines
prácticos, concretamente orientadas a la recogida, tratamiento y difusión de la
información estadística. Ya en una fecha tan temprana como 1932, la Oficina del
Censo de Estados Unidos señalaba: “La población de la ciudad
administrativamente delimitada frecuentemente ofrece una muy inadecuada idea de
la población agrupada en y en torno a esa ciudad….Si queremos tener una visión
del agrupamiento o concentración de la población en extensas áreas urbanas es
necesario establecer distritos metropolitanos que muestren la magnitud de cada
uno de los centros de población” (Boureau of the Census, 1932, cit. en Berry et
alia, 1970). De esta forma, en un buen número de países se ha realizado un esfuerzo, que se
prolonga ya varias décadas en algunos de ellos, para delimitar con mayor precisión
la ciudad real y, a partir de la misma, recoger, presentar y posteriormente
analizar y evaluar su dimensión y funcionamiento. Lógicamente, son muchos los
posibles criterios y variables a utilizar para abordar dicha delimitación pero
en la literatura existente hay un cierto acuerdo en que la más identificable,
coherente y potente de las líneas de trabajo en torno a la cuestión es la que
utiliza a la movilidad residencia-trabajo como variable clave a la hora de
instrumentalizar el procedimiento de delimitación de las áreas metropolitanas
(Horner, 2004). Su disponibilidad a través de la información censal, su
condición material (como desplazamiento físico) frente a otro tipo de
interrelaciones no sometidas a las constricciones de la distancia, su carácter
de proceso recurrente y su factor de vinculación entre los mercados de trabajo
y vivienda justifican su relevancia y virtualidad como variable de referencia
para esta tarea (Feria, 2004). De esta forma, desde que se utilizó por primera
vez en Estados Unidos en el Censo de 1950 para la definición de las Standard
Metropolitan Areas, la movilidad residencia-trabajo (commuting, en inglés) ha
constituido hasta nuestros días el referente básico para los procesos de
delimitación de estas nuevas realidades urbano-espaciales. A partir de la
mencionada fecha, la Oficina del Censo de los Estados Unidos ha adoptado dicha
variable como la sustantiva para la delimitación de las áreas metropolitanas estadísticas (OMB,
1998). Posteriormente, la utilización de
la movilidad residencia-trabajo se ha generalizado, con variantes específicas,
a numerosos países de contexto geográficos
y socioeconómicos muy distintos, como por ejemplo, entre otros, el caso francés (Julien, 2000); la
experiencia italiana (Martinotti, 1991); la canadiense (Murphy, 2003); la
mexicana (INEGI, 2004), la del grupo GEMACA para países de Europa Occidental
(Chesire y Gornostaeva, 2003) o más recientemente, para el conjunto de la Unión Europea, por
Eurostat (Urban Audit, 2008).
En España no se ha dispuesto de
información censal para todo el país sobre esta variable hasta el Censo de
2001, por lo que no es hasta el presente siglo cuando se han podido abordar
estas delimitaciones. Hay que señalar que en
el Censo anterior, el de 1991, sí
se incluyó en los cuestionarios censales preguntas acerca de esta variable,
pero sólo en algunas Comunidades autónomas (Andalucía, Cataluña, Comunidad
Valenciana, País Vasco, Asturias, etc.), pero que permitieron los primeros
ejercicios de delimitación de áreas metropolitanas en algunos espacios
regionales y sirvieron como experiencias iniciales para evaluar la eficacia de
los procedimientos a aplicar (Feria y Susino, 1996; Roca, Díaz y Clusa, 1997).
El universo metropolitano definido (ver cartografía y basede datos) es el delimitado a partir de los datos censales de 2001 sobre
movilidad residencia-trabajo, basada en los procedimientos convencionalmente
asumidos en la literatura y práctica académica sobre el asunto y cuya
metodología detallada y algunas de sus resultados principales se pueden
encontrar en Feria (2008 y 2010, respectivamente)
Referencias
Feria, J.M. (2010) “La
delimitación y organización espacial de las áreas metropolitanas españolas: una
perspectiva desde la movilidad residencia-trabajo”. Revista Ciudad y Territorio Vol. XLII nº 164; pp. 189-210
Feria, J.M. (2008) “Un ensayo metodológico
de definición de las áreas metropolitanas en España a partir de la variable
residencia-trabajo”. Investigaciones
Geográficas nº46; pp. 49-68
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